Es bien sabido que la unión hace la fuerza; esto es evidente en las luchas de todo el mundo, desde el pasado hasta el presente. Sin embargo, el sectarismo, junto con el separatismo y la simple aprensión, a menudo nos impiden esgrimir esa fuerza colectiva y darle un buen uso. ¿Cuántos de nosotros hemos escuchado o cantado la famosa canción de la IWW «Solidaridad para siempre«llenos de optimismo y camaradería? ¿No somos hasta cierto punto hipócritas cuando llegamos a la línea: «Sin embargo, ¿qué fuerza en la tierra es más débil que la débil fuerza de uno solo?».
Reconocemos que aislados somos débiles y endebles, incapaces por tanto de provocar el cambio que queremos ver en el mundo, pero aun así nuestra unidad a lo sumo llega al Primero de Mayo, cuando marchamos juntos con nuestras distintas banderas y pancartas y carteles. Somos muchos los que luchamos porque tenemos la esperanza de un futuro en el que todos existamos en cooperación, y proclamamos «¡trabajadores del mundo, uníos!», pero nos quedamos en nuestras propias burbujas organizativas.
Quizá esto se deba en parte al pasado, cuando las organizaciones sindicales eran mucho más grandes, los acontecimientos revolucionarios parecían inminentes y las ideas tenían que debatirse enérgicamente. Había que establecer claramente las distinciones. Aunque el debate sigue siendo muy importante hoy en día, debemos darnos cuenta de que en nuestras condiciones actuales tenemos más que ganar como trabajadores y activistas en general que perder cuando nuestras organizaciones cooperan.
Seamos claros, la cooperación organizativa dista mucho de engranarse o mezclarse, pues la cooperación significa simplemente que trabajamos juntos en la misma dirección general en la que nuestros objetivos conectan, al tiempo que mantenemos nuestras diferencias y autonomía. Nuestras distintas tácticas y estrategias, objetivos y principios, ideologías en su conjunto permanecen completamente intactos. De lo que se trata es de enfocar nuestras luchas, cuando sea posible, de forma unida para que puedan asestar un golpe mayor a los poderes fácticos. Así pues, mientras que las coaliciones pueden ayudar a establecer relaciones entre organizaciones sobre temas y campañas comunes, la cooperación organizativa implica eso junto con el importante añadido de ser también activos juntos sobre el terreno y en las calles.
A pesar de lo que muchos quisieran ignorar, nosotros -trabajadores y activistas organizados- somos débiles en número. Sin esos números somos incapaces de llevar a cabo las acciones masivas en las calles necesarias para lograr un cambio real, por no mencionar que las personas ajenas a nuestras organizaciones se sienten menos inclinadas a unirse a nosotros cuando nos ven faltos de apoyo. La cooperación permite que diversas causas encuentren un terreno común con un respaldo sólido, mostrando el amplio alcance de las organizaciones implicadas a los espectadores, y fortaleciendo nuestro potencial colectivo para provocar un cambio real en el mundo en el que todos vivimos.
Además de fortalecernos de la forma mencionada, debemos reconocer que existe el fortalecimiento a través de la práctica. A menudo, cuando estamos en grupos aislados de dos docenas o menos, podemos llevar a cabo pequeñas acciones (reuniones, grupos de debate, talleres, venta de papel, etc.), pero no somos tan capaces como para poner en práctica aquellas ideas nuestras que se basan en acciones de mayor envergadura. Así pues, cuando las organizaciones actúan en cooperación, cada una de ellas es capaz de poner en práctica sus teorías más amplias, ya que cuando las organizaciones están juntas pueden reunir a más personas. Así, a través del ensayo y error, se aprende, se crece y se fortalece.
La Red de Acción del Comercio Minorista ha trabajado en el desarrollo de un lugar para este tipo de cooperación organizativa, donde todos podamos reunirnos en un ambiente relajado y debatir ideas, así como nuestros planes futuros. Se trata de un evento mensual con comida, debate y entretenimiento que varía de un mes a otro. Este evento, que tiene lugar cada segundo miércoles de mes, se llama Miércoles de la Clase Trabajadora. Su principal objetivo es fortalecer la comunidad de la forma más amplia posible, por encima de todas las divisiones, y al mismo tiempo hacer que la gente reflexione sobre las injusticias que experimenta para que todos podamos buscar métodos para afrontarlas y cambiarlas. Y aunque la RAN dirija estas veladas, debemos dejar claro que el Miércoles de la Clase Trabajadora debe ser un acto comunitario, no un acto de la RAN.
Al ser un acto comunitario, organizaciones de todo tipo son bienvenidas a colaborar en su planificación y celebración. Organizaciones basadas en los derechos de los trabajadores, los refugiados, la drogadicción, el colectivo LGBTQ, la defensa legal, la discapacidad, los sin techo, la educación y más. Ya sea reformista o revolucionaria, una organización formada por dos o doscientos miembros, el Miércoles de la Clase Trabajadora puede ser un acto en el que todos podamos cooperar. Aquí los miembros de distintas organizaciones pueden reunirse y compartir ideas y energía en un entorno de atención mutua y entretenimiento. Es un espacio perfecto para después de las reuniones, descomprimirse y elaborar estrategias para las próximas acciones. Todo ello mientras nuestras organizaciones únicas trabajan colectivamente para que la noche transcurra sin problemas para todos los trabajadores y activistas allí presentes. Este tipo de colaboración para un acto comunitario puede considerarse una formación o más bien un paso más hacia una mayor cooperación en las calles.
No tenemos tiempo que perder; estamos todos juntos en esto, deberíamos establecer conexiones entre nosotros, más allá de las diferencias de tácticas o estrategias, objetivos o filosofías. Ninguno de nosotros puede esperar un cambio verdadero y duradero en este mundo si actuamos solos. Somos seres sociales, seamos sociales, compartamos ideas y construyamos juntos un mundo nuevo. La Red de Acción del Comercio Minorista, con el Miércoles de la Clase Obrera, no es más que una pequeña parte en esta lucha internacional por un mundo mejor para todos, pero haremos todo lo que esté en nuestra mano para ayudar a desarrollar la cooperación necesaria para alcanzar ese horizonte. Por el momento, cada uno de nosotros, de todos los tipos de organizaciones de justicia social, debemos reconocer que la cooperación es una necesidad imperiosa, sin la cual estamos aislados y gravemente limitados en nuestro potencial para lograr un cambio real. La cooperación organizativa, por tanto, es un paso adelante para marcar la diferencia en nuestro mundo. Así pues, levantémonos juntos, dándonos mutuamente la mano o el brazo de apoyo, y empecemos a dar ese paso que, con el tiempo, dará lugar a avances masivos en el futuro.

